¿Se acerca el Eurogedón?

La primera semana de septiembre se aventura como crucial para ver qué rumbo toma la crisis global. El miércoles día 7 está marcado en nuestro calendario con tinta imborrable.

Copyright © 2011 Images of Money by Flickr.com

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(Nacho García Mostazo > 2/9/2011) Este verano, el Banco Central Europeo ha estado comprando deuda italiana y española para enfriar el mercado. Además, siguen prohibidas las ventas en corto en el sector financiero hasta el día 30 de septiembre.

Todas las medidas tomadas durante el verano por el eurogrupo y el BCE sólo han servido para ganar tiempo hasta que los parlamentos de los países de la zona euro aprueben las modificaciones del Fondo de Rescate europeo pactadas el pasado 21 de julio en Bruselas. Una vez ratificado, el Fondo sustituirá a BCE en la compra de bonos y en el respaldo a los países cuya situación sea más delicada.

Se da por hecho que todos los parlamentos van a aprobarlo, pero en Alemania no todos los diputados de la coalición de Gobierno (la CDU y los liberales del FDP) podrían votar a favor, lo que obligaría a la canciller Merkel a pedir ayuda al principal partido de la oposición, el socialdemócrata SPD, que ya lleva tiempo pidiendo la convocatoria de elecciones anticipadas.

El texto va a la Cámara germana el 7 de septiembre, el mismo día que su Tribunal Constitucional va a emitir una esperada sentencia sobre la legalidad de los rescates llevados a cabo por la UE con dinero de todos los contribuyentes. Angela Merkel tenía previsto para ese día un viaje a Rusia, pero lo ha anulado, temerosa del incendio que se puede montar en la Unión Monetaria como el Constitucional germano diga que los rescates no fueron legales, o como el Parlamento rechace ampliar el Fondo de Rescate, aunque esto no lo sabremos hasta final de mes, que es cuando se producirá la votación.

Algunos analistas han inventado una palabra para lo que se nos podría avecinar: el “Eurogedón”. Pero además de la que se puede liar en Alemania y en toda la Unión, si los inversores creen que Italia y España son capaces de crecer para salir de la trampa del endeudamiento, darán un paso atrás, aunque probablemente buscarán otra presa, que en estos años abundan. Pero si Europa se pega ahora un trastazo, yendo como parece que vamos hacia una recesión global, Italia y España no tendrán muchas oportunidades para salvarse.

A todo esto, también el día 7 de septiembre, Barak Obama pronunciará su esperado discurso sobre lo que propone hacer para crear empleo en Estados Unidos, donde la tasa de desempleo oficial ya está en el 9,1 por ciento.

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Cuatro meses en el abismo

El adelanto electoral es una buena noticia porque pone fin a muchas incertidumbres, pero también deja a España en manos de los mercados, lanzando el mensaje de que no somos de fiar porque, cuando las cosas no van bien, cambiamos las reglas de juego a mitad de partido. De aquí al 20 de noviembre, a España le queda lo peor: cuatro meses en el abismo en plena campaña electoral a merced de los mercados financieros. No le arriendo las ganancias ni al candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, ni al popular, Mariano Rajoy.

www.lamoncloa.gob.es

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(Nacho García Mostazo >> 5/8/2011) El candidato que llegue a La Moncloa tendrá que aprobar en el Congreso los Presupuestos Generales del Estado que Zapatero no ha querido dejar como herencia al que venga después. El que gobierne a partir del 20-N tendrá que acometer una verdadera reforma laboral, flexibilizando el mercado de trabajo y bajando los impuestos y cotizaciones a los empresarios para favorecer la contratación. Además, tendrá que enfrentarse a la gran reforma de la negociación colectiva, que ya estaba en el Parlamento. Porque aunque la actividad legislativa se retome en septiembre, la reforma de la negociación colectiva se va a quedar atascada porque el PSOE no quiere tragarse ese sapo justo antes de unas elecciones.

Al nuevo presidente, sea Rajoy o Rubalcaba, también le quedará otro trabajo titánico por delante: reducir el sector público, aquejado de gigantismo, para hacerlo más eficaz. El modelo actual cojea por la falta de unidad de mercado y la inseguridad jurídica que generan 17 miniestados con sus correspondientes aparatos legislativos. En este capítulo, también queda pendiente la reforma de la financiación local, para que los ayuntamientos tengan fórmulas razonables de recaudación y no dependan exclusivamente del ladrillo. De todo, lo más difícil será encontrar el dinero para hacer que la Administración pague lo que debe a las empresas, estranguladas por su excesiva morosidad.

En Grecia, Irlanda y Portugal ya han tenido subidas del IVA de hasta el 23 por ciento, recortes de pensiones, bajadas de los sueldos de los funcionarios, despidos en el sector público y recorte de las prestaciones por desempleo. Italia, ante el temor a un posible rescate, ya ha planteado un cuadro de recortes durísimo, que incluye hasta el copago sanitario. En caso de rescate, todas esas medidas también tendríamos que tomarlas aquí en España, la diferencia es que, al menos en apariencia, todavía ahora podemos tomarlas de forma voluntaria y escoger las que más nos interesen, descartando otras, mientras que tras ser intervenidos tendríamos que tomarlas obligatoriamente y a paso ligero.

El escenario final en todos estos países será el retroceso del Estado del bienestar. Por supuesto, también en España, donde vamos a vivir un escenario social agitado, como en Grecia. Las encuestas anticipan la victoria del Partido Popular, así que se supone que será Mariano Rajoy el que tenga que apretarnos el cinturón a los españoles de lo lindo. Fuentes del PP consultadas por la agencia Reuters confiesan que temen huelgas y protestas durante su primer año de Gobierno, pero no más allá. Dicen que, según los sondeos, los españoles entienden mayoritariamente que hay que hacer un ajuste duro para salir del agujero y aceptan mejor que las medidas las tome Rajoy a que las tome Rubalcaba.

La única duda que ahora me asalta es si no tendrá que tomar estas medidas un Zapatero con fecha de caducidad, obligado a pedir el rescate a causa de la presión de los mercados, decididos a sacudirnos de lo lindo de aquí a las elecciones al ver a un Gobierno saliente y débil. Ya ocurrió en Portugal, cuando el anterior Gobierno perdió una moción de confianza, convocó a elecciones y recibió una paliza del mercado en los dos meses que pasaron desde la convocatoria a las elecciones: justo ahí fue cuando el Gobierno luso en funciones tuvo que solicitar el rescate.

En nuestro caso, además, Zapatero no esperó a anunciar el adelanto electoral a la vuelta de las vacaciones, dándole a los mercados cuatro meses para que nos hagan polvo si quieren. Les ha regalado dos meses de ventaja, y eso no se puede hacer cuando la situación es tan crítica. Cabría pensar que no se ha dado cuenta o no le han advertido sus asesores, pero como desconfío tanto de nuestros políticos, sospecho que le han avisado de la agitación que hay en los mercados financieros, ha visto la que se le venía encima y ha convocado las elecciones quitándose del medio para echarle la culpa de nuestros males a los perversos especuladores.

Sólo el tiempo confirmará mis sospechas.

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Vámonos al chiringuito

Grecia salva los muebles, de momento, gracias a la Unión Europea. Los líderes de los 17 países del euro pactan lanzar un nuevo salvavidas a Atenas, pero sólo es una tregua.

© Pablo Monteagudo by Flickr.com

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(Nacho García Mostazo >> 22/8/2011) La cumbre del Eurogrupo celebrada en Bruselas ha adoptado un paquete de medidas agresivo para intentar atajar la crisis griega, trazando un cortafuegos que evite el contagio a otros países débiles y, como consecuencia, a toda la Unión Europea. Se libran nuevos fondos para Grecia, el sector privado se implica en el rescate y, además, el fondo de rescate también servirá para comprar deuda pública de los países en apuros.

Todas estas medidas, a mi juicio, sólo sirven para cambiar las bombonas de oxígeno a un euro moribundo que sigue en la UVI, aunque ahora aparezca resplandeciente como el sol. El servicio de análisis de Deutsche Bank afirma que “muy poco se puede hacer para solucionar la crisis soberana actual fuera de imprimir dinero, que podría ser la única opción ya que los niveles de deuda son demasiado grandes en el mundo occidental como para que otras medidas sean eficaces”.

Cargados sentido común, los analistas macroeconómicos de Deutsche Bank –que están entre los más reputados del mundo– aseguran que “nunca antes en la historia económica observable tantos países tenían tanta deuda gubernamental y financiera” y, sin embargo, aún no han quebrado, cuando “muchos países han entrado en suspensión de pagos con menos deuda”. Así, afirmar que España, Italia, u otros países occidentales considerados ‘seguros’, evitarán la crisis de deuda soberana “podría ser sólo una esperanza”, aseguran.

Con toda humildad, coincido con los expertos de Deutsche Bank en que seguir prestando dinero a espuertas y comprar deuda con dinero del fondo de rescate, entre otras medidas decididas en la cumbre de Bruselas, incrementará el ritmo de depreciación del euro, concluyendo en su destrucción si se prolonga mucho en el tiempo. Es absurdo comprar deuda de quien no puede pagarla porque la cantidad es monstruosa y porque ese alguien no genera el PIB suficiente para pagar, como es el caso de Grecia.

La cumbre de Bruselas sólo ha servido para que nos vayamos todos de vacaciones más contentos, resoplando aliviados y recogiendo beneficios en la bolsa para gastárnoslos en el chiringuito. En otoño ya llegará el tío Paco con las rebajas.

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Eurodesmadre

La situación de la Unión Europea ahora mismo es de quiebra institucional y política por motivos económicos.

MICHAEL KAPPELER/AFP/Getty Images

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(Nacho Garcia Mostazo > 15/7/2011) Si la Unión Europea tuviera que declarar hoy la suspensión de pagos de Grecia y reestructurar su deuda, Irlanda y Portugal irían automáticamente detrás y todo saltaría por los aires, pese a que la reestructuración griega sería una solución más razonable que los actuales rescates, que sólo son remedios temporales que acumulan deudas que nadie pagará para pagar deudas que nadie pagará.

Recientemente leía unas declaraciones del profesor de Harvard Keneth Rogoff, uno de los sabios que anticiparon la crisis y, sobre todo, de los pocos que advirtieron con certeza de su enorme magnitud. Me encantó una metáfora acuñada por Rogoff: a su juicio, nuestros gobernantes ya no están dándole patadas al balón para echar el problema hacia adelante, sino “empujando una bola de nieve montaña abajo”.

Lo peor de todo es que otras economías europeas, como la española y la italiana, con graves problemas de endeudamiento y un crecimiento raquítico o nulo, también pueden quedar atrapadas en la bola, acelerando la quiebra definitiva de la Unión Europea. A juicio del profesor Rogoff, el incendio “dejará de propagarse sólo cuando Alemania erija un cortafuegos firme y creíble en torno a la deuda de los gobiernos español e italiano”.

Sin embargo, con una Unión Europea que es un gigante económico pero un enano político, como en su día dijo la diputada italiana Emma Bonino, Bruselas no tiene capacidad real en la toma de decisiones y es muy poco probable que Alemania tome medidas firmes en solitario, forzando a que todos los países se conjuren para combatir eficazmente la crisis de la deuda soberana, porque cada gobernante responde ante sus votantes.

Estamos asistiendo a un espectáculo lamentable. Esto es un eurodesmadre. Al grito de “todos para uno”, los países europeos responden: “tonto el último”. Creo que para que Europa se salve ya sólo dependemos de la suerte.

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Estados Quebrados de América

Los Estados Unidos están tan quebrados como Grecia, o más. Su endeudamiento es brutal, su déficit es monstruoso y sus políticos se entretienen haciendo recortables con unas tijeras sin punta.

© James Henry by Flickr.com

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(Nacho García Mostazo >> 8/7/2011) Estados Unidos está pasando por un apuro histórico. El Gobierno federal alcanzó en mayo su límite de endeudamiento, con 14,29 billones (millones de millones) de dólares. Un truco del Tesoro ha permitido que el Estado siga gastando sin problemas hasta el 2 de agosto, fecha límite para alcanzar un acuerdo político sobre el déficit público.

Cuando la deuda de un país supera el 90% del PIB, no hay vuelta atrás. Se lo he leído muchas veces a Bud Conrad, jefe de análisis de Casey Research, y al profesor Keneth Rogoff. En el caso de EE.UU., la deuda pública ronda ya el 100% del PIB y crece a más de un 10% anual. El déficit público está entre los 4 y 5 billones de dólares anuales, según cálculos independientes.

Los demócratas de Obama piden ampliar el techo de endeudamiento y subir los impuestos, porque el año que viene hay elecciones. Los republicanos aceptarán subir el techo de gasto si se implanta un plan de ahorro de 4 billones de dólares en 10 ó 12 años. La cifra parece grande, pero no lo es: los republicanos buscan ahorrar en una década lo que pierden en un año.

El 2 de agosto, fecha límite

Durante el mes de julio tienen que llegar a un acuerdo, aunque sea de mínimos, si no quieren que los Estados Unidos de América, el país más poderoso del siglo XX, se declare en quiebra por primera vez en su historia. Ahora mismo las posiciones están muy encontradas, pero al final habrá acuerdo: todos disimularán para que no se hunda el barco.

El mercado, que sabe que el Gobierno federal se está cargando el dólar a base de endeudamiento, de vez en cuando le pega un sartenazo a los Estados Unidos para purgar algún pecadillo, pero cuando las cosas se ponen tiesas por aquel lado del Atlántico, el sartenazo le cae a algún país europeo para que el euro se desmorone y el juego vuelva a empezar.

Esta vez le ha tocado a Portugal

Cuando el 30 de junio se cerró de nuevo la crisis griega y los mercados se relajaron, la presión se trasladó a EE.UU. Como su Gobierno está en apuros, achuchó a sus agencias de calificación contra Europa y Moody’s rebajó la calidad crediticia de Portugal hasta el “bono basura”. Aunque formalmente lo negarán, esto es realmente lo que ha pasado.

EE.UU. nada en la opulencia de un dólar que su Gobierno está destruyendo. Europa intenta salvar al euro, pero va por el mismo camino, unas veces por sus problemas, que son gordísimos, y otras veces por las tortas que nos caen de fuera. Para quienes no vivimos las guerras del siglo XX o éramos muy jóvenes cuando cayó el comunismo, seguramente éste sea el mayor reto colectivo que nos veamos obligados a afrontar a lo largo de nuestras vidas.

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Grecia: Game Over, Insert Coin

Una vez Grecia ha aceptado el plan de ajuste ordenado por la Unión Europea y el FMI, lo que obtiene es una prórroga para su delicada situación. Retrasa lo inevitable, pero no lo evita.

© Mykl Roventine by Flickr.com

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(Nacho G. Mostazo > 1/7/2011) La Unión Europea vuelve a salvar a Grecia, que viene a ser como salvarse a sí misma o retrasar el cumplimiento de una condena que al final llegará. Porque los gobernantes helenos han prometido tomar medidas de austeridad muy dolorosas, pero eso no les servirá para sacar músculo a fin de crecer con vigor y recuperarse.

Grecia ha prometido ahorrar casi 80.000 millones hasta 2015 despidiendo a 150.000 funcionarios y privatizando empresas públicas. Es la primera vez que Atenas se compromete en serio a ahorrar tras recibir un primer paquete de ayuda de 110.000 millones en otoño de 2010. Lo hace porque ahora en julio tenía varios vencimientos de su deuda y necesitaba urgentemente dinero para no quebrar.

Aquellos 110.000 millones prestados por la UE y el FMI no se habían desembolsado todos de golpe. Llegaron a Grecia a plazos y ahora tocaba el último: 12.000 millones. Pero estaban condicionados al plan de ahorro que Atenas acaba de aprobar, porque los estatutos del FMI le impiden poner dinero a fondo perdido y se negaba a librar su parte de los 12.000 millones.

El rescate del FMI y la UE en 2010 presumía que Grecia podría financiarse en los mercados en 2012, pero no va a ser capaz. Es por eso que la UE ya está estudiando el próximo paquete de ayuda, valorado en otros 110.000 millones, previsto para el próximo otoño, un año después del primero. Como ves, mientras Grecia recibe un maná de 220.000 millones en cómodos plazos, se dispone a ahorrar sólo una tercera parte de lo recibido.

Grecia tiene una deuda pública del 150% del PIB, que ahora seguirá expandiéndose gracias a las nuevas ayudas, por mucho que se aprieten el cinturón. Para ser sostenible, la deuda helena tendría que pasar al 75 o el 80%, lo que supondría una quita del 50%. Si las finanzas no se recuperan (y no lo harán), a partir de 2013 entra en vigor el mecanismo europeo de rescate, que está condicionado a la implicación del sector privado. Ahí es donde está el verdadero quid de la cuestión.

Como parece evidente, gracias al plan de ahorro, el Gobierno heleno ha conseguido una prórroga para sobrevivir durante 2012 y ayuda a que la Unión Europea no se desplome. Pero sólo es ganar tiempo, porque para 2013 Grecia tendrá que renegociar su deuda sí o sí. En esa fecha, los bancos europeos serán los primeros que tendrán que comerse con cuchillo y tenedor toneladas de bonos del tesoro griego que Atenas será incapaz de pagar.

Está previsto que el Eurogrupo se reúna los días 11 y 12 de julio para iniciar los debates sobre el nuevo préstamo. ¿Estará condicionado también a otro plan de ahorro? Y entonces, ¿qué hará el Gobierno de Yorgos Papandréu? ¿Subir los impuestos y asfixiar aún más el consumo para que su país tarde dos décadas en volver a crecer? ¿Despedir a otros 150.000 funcionarios? ¿Privatizar la Acrópolis? ¿Vender el Partenón?

Este artículo lo he titulado como decían los clásicos videojuegos al acabar la partida: Game Over, Insert Coin. Con Grecia, los europeos hemos perdido la partida (Game Over). Pero estamos obligados a jugar la siguiente y debemos introducir otra moneda (Insert Coin). Y me temo que vamos a tener que seguir haciéndolo indefinidamente mientras Grecia no abandone el euro o decrete una reestructuración de su deuda que, siendo lo más lógico, puede provocar una reacción en cadena de consecuencias inimaginables en la UE y en todo el mundo.

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Grecia: susto o muerte

Que Grecia está quebrada lo saben Agamenón y su porquero. Es un hecho evidente que Atenas jamás podrá pagar sus deudas, menos aún si finalmente la Unión Europea y el FMI le conceden otros 100.000 millones de euros para ir tirando.

© 2011 Kyri Sarantakos by Flickr.com

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(Nacho García Mostazo > 24/6/2011) Ahora, la clave pasa por saber cuánto tiempo aguantará Grecia en coma, si finalmente abandonará el euro o cómo y cuándo se producirá el impago y qué consecuencias tendrá para nosotros. Para entenderlo bien, voy a trazar dos escenarios diferentes que, por simplificar, he denominado “susto” y “muerte”.

Escenario 1. Susto. Contemplo dos opciones diferentes:

A)   El pudridero. Los gobernantes europeos aprueban el segundo rescate griego que ahora tienen sobre la mesa, mandando el asunto al pudridero por si se arregla solo. Están ganando tiempo a ver si llega la recuperación. Imaginemos que Grecia consigue poner en marcha todos sus planes de austeridad (cosa difícil, pero no imposible) y que los acreedores públicos y privados aceptan un aplazamiento de la deuda (todos lo aceptarán, menos el FMI). Si se da ese escenario, Atenas podría empezar a reducir su déficit en 2013, pero inevitablemente tendría que decretar una reestructuración de su deuda con una quita del 50 al 70 por ciento sobre el monto total. Los gobernantes europeos entonces tendrían que hacernos comulgar a los ciudadanos con la rueda de molino de una deuda que jamás nos van a devolver los griegos y posiblemente eso le cueste el puesto a unos cuantos políticos, salvo que para ese entonces la inflación haya devaluado el euro y las cosas hayan empezado a mejorar en nuestros países, de modo que a los ciudadanos no nos parezca tan doloroso encajar el golpe de una deuda que nunca se devolverá.

B)   Impago ordenado. El Gobierno griego consigue que la Unión Europea acepte una reestructuración de la deuda a cambio de un plan de austeridad y pequeñas ayudas para ir tirando cuando la economía se tambalee. La credibilidad de la Unión Europea se desploma, más aún si Irlanda y Portugal piden hacer lo mismo. El euro cae en picado, las tres economías están estranguladas durante años y lastran el crecimiento de toda la Unión Europea, que pasa años penosos hasta que consigue recuperarse.

Escenario 2. Muerte. En esta segunda opción sólo hay problemas y consecuencias traumáticas, que se desarrollan sobre dos opciones diferentes, a cuál peor:

A)   Impago desordenado. Si la semana que viene el Parlamento griego rechaza el nuevo programa de austeridad porque no hay consenso, el FMI cortará el grifo de sus ayudas, la UE no será capaz de salvar a solas a Grecia, pedirá a EE.UU. su colaboración y los americanos arrimarán el hombro, pero tanto allí como aquí la credibilidad quedará bajo mínimos. En menos de un año, Grecia se declarará en suspensión de pagos, se producirá una retirada masiva de depósitos, quebrará la banca helena, el gasto se detendrá, la economía griega se desplomará y el sistema financiero mundial se resentirá, parándose en seco cualquier atisbo de recuperación que hubiera empezado ya.

B)   Grecia sale del euro. Antes de llegar al impago desordenado, la Unión Europea autoriza a Atenas a abandonar el euro. El Gobierno decreta siete días festivos, acuña un nuevo dracma (su vieja moneda), redenomina todos los depósitos y apuntes contables en dracmas, decreta una quita sobre su deuda y levanta de nuevo la persiana del país. Ese mismo día, el dracma se desploma, cierran muchas empresas griegas y el país pasa años de penurias. Difícilmente logrará recuperarse. La medida tiene graves consecuencias para el resto de países periféricos, cuya credibilidad queda en entredicho, poniendo al euro en una situación insostenible. Los inversores huyen, Irlanda y Portugal acaban saliéndose también del euro. La calamidad se extiende.

Cualquiera de los escenarios contemplados en el apartado “susto”, o alguna variante de consecuencias similares, será lo que vivamos en los próximos años. En absoluto contemplo la posibilidad de que se den los escenarios del capítulo “muerte”, por mucho que los presente aquí como hipótesis.

Todavía creo en el sentido común de nuestros gobernantes. Todavía.

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La descomposición del dinero

A lo largo de la historia, todas las monedas acuñadas por orden de un gobernante, sin respaldo ni patrón, han acabado por desaparecer. Las divisas con las que ahora comerciamos también van a desaparecer. Es inevitable. Estamos condenados a repetir nuestros errores.

© 2011 Photosteve101 by Flickr.com

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(Nacho García Mostazo > 17/6/2011) El 15 de agosto de 2011 se cumplirán 40 años desde que el presidente estadounidense Richard Nixon cerró la ventanilla del oro. Hasta esa fecha, los bancos centrales del mundo podían cambiar sus dólares por oro en la Reserva Federal de los Estados Unidos. Pero a partir de entonces, el mundo cambió por completo: nació el dinero deshonesto y los gobernantes se pusieron a imprimir billetes sin parar a fin de pagar sus dispendios, devaluando sus divisas, algunos lentamente, otros apresuradamente. Ahora es cuando vemos ante nosotros las consecuencias de aquello.

En la crisis actual, provocada por el exceso de moneda que causó una avalancha crediticia, los políticos y banqueros contemporáneos están soportando el peso de la culpa. Es evidente que los primeros, como legisladores, tienen muchas explicaciones que dar por lo que han hecho o han dejado por hacer en estos años, pero su cortedad de miras se lo impide. Ningún político asumirá responsabilidades. Además, están disimulando, pensando presentarse a las siguientes elecciones y tratar de ganarlas. También los banqueros deberían dar explicaciones; lo primero, ante sus accionistas. ¿Por qué prestaron dinero a personas insolventes? ¿Por qué hincharon la burbuja? ¿Cómo no se dieron cuenta de que estaban alimentando a un monstruo?

No obstante, pese a ser parte del problema, ni los políticos ni los banqueros actuales son la causa de la crisis, por mucho que entre ellos se culpen mutuamente y los “indignados” propongan su linchamiento en plaza pública. La causa, como vengo insistiendo, es el dinero deshonesto con el que nos manejamos, que ha favorecido una expansión monetaria indecente y una avalancha crediticia sin precedentes durante las últimas cuatro décadas. No obstante, tampoco podemos olvidar cómo políticos y banqueros se aprovecharon de la expansión del crédito para incurrir en unas deudas impagables, pero la causa de la crisis, reitero, no es otra que el dinero deshonesto.

Desgraciadamente, a día de hoy ya hemos rebasado la última frontera. La mayoría de analistas y expertos que conozco estiman que no hay vuelta atrás. Ningún gobierno, independientemente de su orientación política, puede confiar en este momento en que cumplirá sus compromisos de endeudamiento. En Europa, por ejemplo, algunos como Alemania lo conseguirían, pero tendrían que salirse del euro y romper con los países en problemas. Sin embargo, me temo que hasta para Alemania eso es imposible. Está casada con sus socios para lo bueno y para lo malo. Y lo malo que se nos avecina es malísimo. Tanto que los países que aún son solventes se van a ver arrastrados por sus socios morosos.

Pero el problema global es todavía mayor. Estamos asistiendo a un proceso de descomposición del dinero, que se está derrumbando ante nuestros ojos. El proceso es lento, pero irreversible. Aléjate del dinero deshonesto. Compra oro aprovechando las bajadas en su cotización (este verano puede que haya una). Yo tengo un plan. ¿Lo tienes tú?

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Adiós al estado del bienestar

Las manifestaciones en Grecia se repiten día tras día. La gente está abrumada. Empiezan a darse cuenta de que pasarán décadas hasta que vuelvan a vivir en un estado del bienestar similar al que tenían antes de iniciarse la crisis.

© 2011 apαs by Flickr.com

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(Nacho G. Mostazo) Los ciudadanos griegos se resisten, y los políticos más, pero es un hecho que están desvaneciéndose muchos de sus beneficios sociales conquistados durante el siglo XX: disfrutar de una sanidad universal y gratuita, pensiones generosas desde edades tempranas, subsidios para que ningún ciudadano se quede atrás, becas para que todos puedan estudiar, ayudas de todo tipo para las personas dependientes, subvenciones a casi cualquier actividad profesional o incluso ayudas públicas para disfrutar del ocio. En Grecia, la crisis de la deuda soberana ha convertido todo eso en pasado, está evaporando el presente de los ciudadanos y se está comiendo su futuro.

Sorprendentemente, los griegos que se manifiestan por las calles mientras esperan recibir nuevos paquetes de ayuda gritan sobre todo en contra de los políticos corruptos. Aquí en España, uno de los cánticos más habituales de los “indignados” del 15M también va dirigido contra los políticos: “No nos representan”, dicen. De hecho, según la última encuesta del CIS, los políticos son la tercera preocupación de los ciudadanos: el 22,1% de los entrevistados por el CIS dice que la clase política es el principal problema de España. Sin embargo, no perdamos el norte: al 84,1% de los españoles lo que más les preocupa es el paro, seguido por el temor a quedarse sin dinero para mantener a su familia (46,7%).

En Grecia ocurre lo mismo. Lo que más preocupa a la gente es el desempleo y la falta de expectativas, pero sin embargo el principal objeto de sus críticas es el robo y la corrupción. No digo que no existan, pero considero que no es la clave del problema, por mucho que sea lo que más escuece. Los griegos, como los españoles, aún no entienden que la crisis de la deuda soberana se debe a que los políticos han creado enormes aparatos burocráticos y han gastado mucho más dinero del que disponían. Es una lástima que en Grecia, España o el resto de países europeos en apuros, el debate social no se centre en que el tamaño de nuestra burocracia es imposible de mantener. Algo se dice, por supuesto, pero desde luego no es el centro del debate.

En Estados Unidos, donde el problema de deuda es similar al que tenemos en algunos países de Europa, los medios de comunicación sí están hablando constantemente de las cuentas públicas. La gente sí discute sobre si el gobierno es demasiado grande o no, si el gasto está disparado, si los impuestos son demasiado elevados o si las leyes coartan su libertad hasta el punto de erosionan el libre mercado, dificultando la posibilidad de hacer negocios y prosperar. Por ejemplo, según las últimas encuestas de Gallup, en Estados Unidos sólo un tercio de los ciudadanos defiende las virtudes de los programas sanitarios de financiación pública (como Medicare o el Seguro Social), mientras la mayoría despotrica porque sabe que el gasto es insostenible.

La mentalidad en Estados Unidos y en la vieja Europa es muy diferente. Hasta en la actitud frente a la crisis. Aquí buscamos el paraguas del Estado para que nos proteja, allí no. Como dice el pensador norteamericano Arthur C. Brooks en su libro “La Batalla” (te lo recomiendo), la economía allí no tiene que ver con el dinero, sino que es “un asunto cultural”. A su juicio, “para muchos estadounidenses, la libre empresa es definitoria” debido a que “es una nación formada por inmigrantes en busca de una oportunidad”. Por eso “no resulta sorprendente descubrir –asegura Brooks– que en el centro de su cultura se halle la creencia de que las personas humildes pueden ascender por sus méritos y sin depender del gobierno”.

Los estadounidenses lo tienen claro. Los griegos no. Tampoco los españoles, ni el resto de los europeos. La mayoría de nuestros convecinos desconoce que el epicentro de la crisis se localiza en el corazón mismo del estado del bienestar. Los números no salen y cada vez van a salir menos. En las últimas décadas el endeudamiento ha sido brutal. Tras estallar la crisis, los gobernantes, además, han estado haciendo todo lo posible por disimular: primero negándolo y luego ocultando los agujeros con dinero público, rescatando bancos quebrados, subvencionando la actividad de empresas insolventes y sufragando subsidios crecientes, mientras al mismo tiempo mantenían o incrementaban el gasto en las partidas tradicionales (educación, sanidad, pensiones, subsidios, etc.) para financiar el bienestar.

El primer paso para resolver un problema pasa por identificarlo correctamente. Así pues, admitámoslo: nuestro problema es que el estado del bienestar ha quebrado. Una vez lo aceptemos podremos empezar a trabajar para reconstruir, desde los escombros del sistema actual, uno nuevo justo y equilibrado donde el estado sea pequeño, la burocracia mínima, las leyes perdurables, la justicia se aplique con equidad y el dinero sea honesto para garantizar la solvencia de las transacciones. Y por supuesto, erradicando la corrupción. Faltaría más. ¿Crees que podremos? Yo soy escéptico al 99 por ciento. El 1% restante es la esperanza, que es lo último que se pierde.

A la vista de la que se avecina, hace tiempo que puse en marcha un plan para proteger a mi familia. En septiembre de 2010 lo compartí con cientos de lectores a través del libro “Yo tengo un plan” y desde enero he empezado a publicar una “Guía de inversiones muy rentables” con recomendaciones concretas. Acabo de subir la última a Internet. En seis meses, los lectores-inversores ya le han ganado un 15% a sus ahorros. Con los tiempos que corren, no está mal.

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Inflación, impuesto encubierto

Los ciudadanos vamos a pagar todos los despilfarros previos a la crisis, los dispendios actuales y las barbaridades futuras que se cometan con dinero público. Y lo vamos a hacer por las buenas, pagando más impuestos mal que nos pese, o por las malas, a través de la inflación.

(Nacho García Mostazo > 3/6/2011) Para tapar los agujeros de la crisis, entre otras medidas, nuestros gobernantes se endeudan con la promesa de devolver el dinero con los impuestos que los ciudadanos aún no hemos pagado, pero que acabaremos abonando porque así lo dice la Ley. Por supuesto, como la manta es corta y si tapas la cabeza destapas los pies, en los próximos años nos van a subir los impuestos. Eso dalo por descontado.

Pero además, los gobernantes tienen un arma secreta con la que poner sobre nuestros hombros la pesada carga de sus dispendios. Se llama inflación. En condiciones normales, los bancos centrales tienen como función básica el control de la inflación, pero en una situación tan anormal como la actual, los bancos centrales están imprimiendo tantos billetes que el tsunami que se nos avecina es brutal. En contra de sus principios, los bancos centrales en lugar de controlar la inflación, lo que están haciendo es descontrolarla.

Sirva como ejemplo esta foto que corre por Internet sobre la subida de la inflación en los últimos doce años. Lo pegó hace tiempo un camarero del centro de Madrid y ha empezado a dar vueltas por la red acoplado a las protestas del 15M.

La veracidad de las cuentas del camarero se ven refrendadas también por una página del diario La Vanguardia que me ha enviado Fran, un amigo y lector habitual, dispuesto a darme argumentos para estos artículos semanales que escribo. Se trata de una página del año 1981 que recoge un anuncio de los Almacenes SEARS de Barcelona con precios de la época. Aquí a la izquierda puedes ver lo que costaba entonces un vaso de duralex de los de toda la vida y aquí abajo lo que vale un paquete de 6 vasos a día de hoy. Hace 30 años, un vaso costaba 22 pesetas, media docena serían 132 pesetas, el equivalente a 80 céntimos. Como ves aquí abajo, ahora esa media docena de vasos cuesta 3,27 euros, ¡¡cuatro veces más en 30 años!! El precio ha subido más de un 10% anual…

Si quieres ver la página de La Vanguardia íntegra, pulsa AQUÍ. Te vas a quedar planchado. Pero más planchado te vas a quedar al ver este gráfico que hay aquí abajo. ¿Qué es? Pues el incremento de la masa monetaria en los Estados Unidos en los últimos años. Como ves, todo iba más o menos bien hasta que la FED se puso a imprimir billetes a destajo. ¿Resultado? La hiperinflación que se les viene encima a los norteamericanos en los próximos años.

Fíjate también en el siguiente gráfico. Es el índice del precio de los alimentos que actualiza la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

De Europa mejor hablo otro día, pero ya te anticipo que, si en Estados Unidos se dispara la inflación y si los precios de los alimentos y del petróleo se van a las nubes, aquí, con la inmensa crisis de deuda soberana que tenemos, que estamos metidos en un profundo agujero y seguimos cavando, el futuro no es un camino de rosas precisamente. Eso no quiere decir que vaya a ocurrir mañana. Como dice el gran inversor Doug Casey, “no porque algo sea inevitable significa que sea inmediato”. Pero no lo dudes, llegará. Todo llega.

Si quieres proteger a tu familia de lo que está por venir, te recomiendo que te suscribas a la “Guía de inversiones muy rentables” que publico todos los meses. Acabo de subir la última a Internet. En seis meses, los lectores-inversores ya le han ganado un 15% a sus ahorros. Con los tiempos que corren, no está mal.

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