La parábola del oro

Me producen una gran admiración esos inversores capaces de sumar en un día las ganancias de un año para luego echarse a dormir. Son, a mi modo de ver, y si me permites el símil zoológico, aves rapaces de los mercados.

Sin embargo, la mayoría de inversores lo que buscamos no es un avión a reacción para disfrutar con el subidón de adrenalina y llegar los primeros a la meta (si no nos la pegamos por el camino), sino más bien un tren regional con un motor diesel que nos lleve a la meta con seguridad mientras disfrutamos del paisaje, aunque tardemos más, porque queremos viajar con todas las comodidades y sin que nos metan prisa.

En el mercado del oro hay aves rapaces que disfrutan comprando y vendiendo acciones de mineras junior en el mercado de Toronto, donde cotizan prácticamente todas las mineras de nueva creación, esas que de vez en cuando pegan un pelotazo y hacen ricos a sus accionistas de un día para otro. En mi Guía de inversiones muy rentables yo no voy a recomendarte esas mineras. Si yo no juego a la ruleta rusa, no te lo voy a recomendar a ti.

Mi Guía mensual, por definición, es como ese tren regional de asientos ocres de terciopelo que poco a poco nos lleva a nuestro destino sin prisa pero sin pausa, arrojando ganancias notables año tras año (un 15% en 2011 y, de momento, un 12% en lo que llevamos de 2012), multiplicando nuestro capital sin volvernos locos con una operación que nos haga ricos en un minuto o pobres para toda la vida.

Como sabes, los metales preciosos son mi principal recomendación para todo inversor prudente, más aún ahora en plena crisis. Por eso me satisface mucho mostrarte un gráfico obra de James Turk, el presidente de GoldMoney, donde se ve perfectamente cómo la tendencia del oro medida en cuatro divisas diferentes viene dibujando una curva con forma de parábola desde el año 2000.

Fuente King World News

Fuente King World News

Como ves, no es una simple línea recta ascendente, sino una curva que lentamente va enderezándose, anticipando que la tendencia ascendente será cada vez más pronunciada, hasta un límite que a día de hoy no conocemos (si es que tiene límite esa curva que gira para transformarse en una recta rumbo al infinito).

Esa es la tendencia a la que tenemos que subirnos como si de un tren regional se tratase, para que nos lleve discreta y cómodamente a nuestro destino sin aspavientos ni subidones de adrenalina, sin infartos ni pelotazos, mientras disfrutamos de una deliciosa taza de café en el vagón restaurante perdiendo la vista en el horizonte. Con el tiempo, ese tren empezará a coger velocidad y al final del trayecto incluso irá más rápido de lo que creemos, movido por su motor y por la inercia de la devaluación competitiva de las divisas de papel, cuyo valor irá a menos.

Como dijo James Turk en King Wold News el 19 de octubre pasado, cuando publicó este gráfico por primera vez, “esta tabla es lo que la gente necesita mirar detenidamente” después de una semana en la que el oro apenas se mueve, o incluso cuando baja. “Tenemos que contemplar el panorama general y quedarnos con la tendencia, sin tener en cuenta las subidas y bajadas en el corto plazo. Este gráfico dice que vamos de camino a la destrucción de las divisas, algo que se confirma con las políticas de flexibilización monetaria que ahora practican (los bancos centrales) en todo el mundo”, concluyó.

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