Rumbo al abismo

Pese a mi optimismo natural, he llegado definitivamente a la conclusión de que la situación económica global no tiene arreglo y avanzamos hacia el colapso financiero. Lo que sucede es que vivimos como Bill Murray en la película “Atrapado en el tiempo” (1993), donde el protagonista se despierta siempre en el mismo día y los acontecimientos se repiten.

(Nacho García Mostazo > 5/6/2012) En nuestro caso, hay semanas en las que Estados Unidos está a punto de caerse por el precipicio, pero luego la pelota vuelve al tejado europeo y resulta que es Grecia la que nos pone al borde del infarto, y de nuevo la bola vuelve a Norteamérica, para regresar otra vez al Viejo Continente por culpa de Irlanda, Portugal, Bélgica, Italia, España o una combinación de algunos de estos países.

Si haces memoria, en cada uno de estos episodios de infarto los líderes mundiales celebran una cumbre decisiva con el fin de ponerle solución a la crisis y, cuando termina la cumbre ocurre como en el chiste de la fiesta del corcho: descorchan la botella, todos aplauden, se citan de nuevo el año que viene y vuelta a empezar: durante todo el año los participantes sólo esperan a que pase el tiempo para llegar de nuevo a otra fiesta del corcho.

En el caso de la Unión Europea, desde que comenzó la crisis llevo contabilizadas una veintena de cumbres consideradas “históricas”, cuyas decisiones iban a ser fundamentales para nuestro futuro, o para la continuidad del euro, y ninguna cumbre pasará realmente a la historia porque en ninguna se alcanzaron acuerdos significativos. Más al contrario, creo que en todas esas cumbres sólo hemos visto a los políticos dándole una patada a la lata para que siga avanzando.

El caso es que nos tienen a todos muy entretenidos con el día a día para que no caigamos en la cuenta de que nos están tomando el pelo a dos manos, poniéndonos delante de los ojos unos cuantos árboles para que no podamos ver el bosque. Porque si lo viéramos, nos daríamos cuenta de que ya no hay bosque. Nos lo han robado. Se ha evaporado y en su lugar hay un desierto descomunal.

Ese desierto es el cráter de la deuda provocado por décadas de expansión crediticia y gobernantes inútiles en buena parte de las naciones occidentales. Es tan grande el tamaño del endeudamiento que se trata de un fenómeno insostenible, de modo que insisto en mi tesis de que vamos camino de un colapso financiero global.

Una vez que tenemos claro el qué, ahora lo que necesitamos saber es el cómo y el cuándo. Esas dos preguntas son las más difíciles de responder, aunque ambas están íntimamente unidas. Es decir, si el colapso comienza de forma abrupta, la quiebra se precipitará y será dolorosa y caótica. Sin embargo, si el colapso se produce poco a poco, entonces ese proceso se va a prolongar durante años y será menos doloroso porque el daño vendrá dosificado, aunque habrá también episodios caóticos.

Este segundo escenario es en el que creo que ya estamos inmersos. El primero prefiero no contemplarlo, ya que un colapso súbito nos podría arrastrar a una guerra global y un cambio en el statu quo que, sin embargo, creo que los gobernantes no van a tolerar que se produzca, porque las primeras víctimas de ese escenario serían ellos mismos y en absoluto están dispuestos a perder sus privilegios.

Así pues, apuesto decididamente por la segunda opción: vamos a vivir un colapso a cámara lenta en el que irán cayendo fichas del dominó poco a poco, con los políticos tomando medidas (o haciendo que las toman) para impedir que la ola siga avanzando o, al menos, para aminorar la velocidad del carrusel de caídas a fin de intentar pararlo en algún punto inventando cortafuegos de todo tipo hasta que alguno funcione, si funciona.

No obstante, aunque los gobernantes aparentemente tomarán medidas, no debemos olvidar que todos los políticos son cortoplacistas y hasta ahora lo único que han hecho es poner parches para tapar los pinchazos de un globo que ya ha sido recauchutado unas cuantas veces en los últimos años.

Me gustaría mucho equivocarme en mi tesis y, si me equivoco, vayan por delante mis disculpas. Pero lo que sí te puedo garantizar es que comprar y atesorar oro y plata es la mejor medida de autoprotección financiera que cabe imaginar en el escenario actual. Si finalmente llega el colapso, tendrás una tabla de salvación a la que agarrarte. Si no se produce, estarás en muy buenas condiciones para afrontar el futuro.

Texto extractado de la “Guía de inversiones muy rentables” de junio de 2012. Si quieres suscribirte, por sólo 49,90 euros te mandamos 12 ejemplares a tu correo electrónico. Para más información, pulsa aquí.

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