¿A qué esperas para ahorrar?

Cuando en España hay más de cinco millones de parados, puede parecer un atrevimiento hablar del futuro de las pensiones de la generación del “baby boom”, cuando muchos ni siquiera tienen presente. Pero creo que del futuro también hay que hablar, porque tiene muy mala pinta y hay que empezar a tomar decisiones ya.

© 2012 Olmo Calvo by Flickr.com

© 2012 Olmo Calvo by Flickr.com

(Nacho García Mostazo > 09/03/2012) Cada día que pasa somos más pobres. Los hogares españoles, afectados por el alza de impuestos y el desempleo, van a perder este año 20.000 millones en su renta disponible. Son 1.538 euros por hogar, teniendo en cuenta que en España hay contabilizadas 13 millones de familias.

Aquí vivimos actualmente 47 millones de habitantes, de los cuales más de ocho millones son jubilados. Después de una vida dura de trabajo, en la última etapa de su existencia ahora se benefician de un Estado del Bienestar todavía generoso, con pensiones públicas y prestaciones sanitarias universales.

Los ancianos europeos actuales forman parte de la generación que vivió la guerra, la posguerra, el hambre, la reconstrucción, la emigración y el trabajo de sol a sol para dejar a sus descendientes en herencia una Europa libre, democrática, opulenta y mucho más próspera que la que ellos heredaron de sus padres.

Nuestros mayores, la mayoría de ellos, disfrutaron muy poco de la vida porque estaban construyendo para nosotros un mundo de oportunidades. Por eso nadie se opone ahora a la solidaridad entre generaciones: devolvemos a nuestros padres, por intermediación del Estado, parte de lo mucho que nos dieron.

Quienes hemos investigado esta cuestión sabemos que el Estado del Bienestar está al borde de la quiebra. La Seguridad Social cerró 2011 en números rojos. Los datos confirman que el sistema, tal como está concebido, habrá que recortarlo porque es insostenible a medio y largo plazo.

Pero, ¿quién sería capaz de recortar sus derechos a aquellos que han empeñado su vida por darnos un futuro mejor? Ninguno de nosotros, gente de bien, seríamos tan miserables como para pedir rebajar las pensiones o quitar la subvención a las medicinas que permiten a nuestros padres envejecer más despacio.

Nadie pide recortar prestaciones también por egoísmo, porque la mayoría cree que los derechos adquiridos quedan grabados en el ADN, de forma que cuando lleguemos a viejos disfrutaremos, como mínimo, del mismo nivel de bienestar que están disfrutando ahora nuestros mayores.

Sería un error imperdonable cargar contra nuestros jubilados, pero es una estupidez creer que nosotros disfrutaremos del mismo grado de bienestar que ellos disfrutan hoy. De hecho, la última reforma de las pensiones determina que nos jubilaremos más tarde y tendremos pensiones más bajas.

Como sociedad, creo que vamos a tener que trabajar muy duro para que el Estado del Bienestar, aunque devaluado, aguante en pie. Individualmente, creo también que estamos obligados a tomar las medidas oportunas para crear a nuestro alrededor una red de seguridad que nos garantice una buena vejez.

Es posible que en la calle la gente lo ignore, o lo intuya pero prefiera mirar para otro lado. Además, con la crisis que tenemos es normal que la gente ahora esté intentando garantizar el presente y ni siquiera pueda pensar en plantearse el futuro más allá de los próximos dos meses.

Lo que es cierto, porque lo vivo en mis carnes permanentemente, es que cada vez que hablo de este tema mis conocidos me llaman agorero y me tachan de catastrofista, pero estoy seguro de que, según se vaya acercando la hora de nuestra jubilación, los hechos me irán dando la razón.

Me temo también que, según nos hagamos viejos y el Estado del Bienestar vaya menguando, nuestros gobernantes intentarán confiscar parte de nuestros bienes. Nos acusarán de inmorales y de perversos individualistas para estigmatizarnos y obligarnos a socializar parte de nuestros ahorros.

Para evitarlo, te sugiero que actúes en tres planos:

1.- Contribuye al bienestar colectivo. Quizá pienses que tus contemporáneos no se lo merecen porque tocan la guitarra, como la cigarra del cuento, mientras tú ahorras como una hormiguita para pagar sus futuras pensiones, pero recuerda que es vital que nunca te puedan acusar de escurrir el bulto. No obstante, tampoco seas el pagano de la fiesta. Si puedes evitar legalmente pagar unos cuantos impuestos, hazlo. Invita a tu asesor fiscal a un cafelito y pídele unas cuantas ideas.

2.- Evita despertar envidias. Sé discreto y no cuentes a los cuatro vientos que has puesto en marcha un plan para blindar tu vejez. La envidia es mala consejera y peor enemiga. Además, hasta tus conocidos te llamarán agorero y te tacharán de catastrofista. Calla y avanza.

3.- Globaliza tus inversiones legalmente para evitar que un Estado confiscatorio te lo quite todo. No inviertas tu dinero en un solo país, sea cual sea; pon los huevos en varias cestas y en distintos países y, por supuesto, que al menos una parte de tu patrimonio quede fuera del sistema bancario y del dinero de curso legal. Guárdalo en dinero real, es decir, en oro y plata. Y no lo tengas muy lejos. Sin paranoias, pero uno nunca sabe cuándo tendrá que salir por piernas.

Texto extractado de la “Guía de inversiones muy rentables”. Suscríbete por sólo 49,90 euros durante todo un año y recibirás en tu correo electrónico 12 números, uno al mes.

Si quieres saber más sobre el futuro de las pensiones, descárgate gratis mi “Guía práctica para los hijos del baby boom español”.

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