La descomposición del dinero

A lo largo de la historia, todas las monedas acuñadas por orden de un gobernante, sin respaldo ni patrón, han acabado por desaparecer. Las divisas con las que ahora comerciamos también van a desaparecer. Es inevitable. Estamos condenados a repetir nuestros errores.

© 2011 Photosteve101 by Flickr.com

© 2011 Photosteve101 by Flickr.com

(Nacho García Mostazo > 17/6/2011) El 15 de agosto de 2011 se cumplirán 40 años desde que el presidente estadounidense Richard Nixon cerró la ventanilla del oro. Hasta esa fecha, los bancos centrales del mundo podían cambiar sus dólares por oro en la Reserva Federal de los Estados Unidos. Pero a partir de entonces, el mundo cambió por completo: nació el dinero deshonesto y los gobernantes se pusieron a imprimir billetes sin parar a fin de pagar sus dispendios, devaluando sus divisas, algunos lentamente, otros apresuradamente. Ahora es cuando vemos ante nosotros las consecuencias de aquello.

En la crisis actual, provocada por el exceso de moneda que causó una avalancha crediticia, los políticos y banqueros contemporáneos están soportando el peso de la culpa. Es evidente que los primeros, como legisladores, tienen muchas explicaciones que dar por lo que han hecho o han dejado por hacer en estos años, pero su cortedad de miras se lo impide. Ningún político asumirá responsabilidades. Además, están disimulando, pensando presentarse a las siguientes elecciones y tratar de ganarlas. También los banqueros deberían dar explicaciones; lo primero, ante sus accionistas. ¿Por qué prestaron dinero a personas insolventes? ¿Por qué hincharon la burbuja? ¿Cómo no se dieron cuenta de que estaban alimentando a un monstruo?

No obstante, pese a ser parte del problema, ni los políticos ni los banqueros actuales son la causa de la crisis, por mucho que entre ellos se culpen mutuamente y los “indignados” propongan su linchamiento en plaza pública. La causa, como vengo insistiendo, es el dinero deshonesto con el que nos manejamos, que ha favorecido una expansión monetaria indecente y una avalancha crediticia sin precedentes durante las últimas cuatro décadas. No obstante, tampoco podemos olvidar cómo políticos y banqueros se aprovecharon de la expansión del crédito para incurrir en unas deudas impagables, pero la causa de la crisis, reitero, no es otra que el dinero deshonesto.

Desgraciadamente, a día de hoy ya hemos rebasado la última frontera. La mayoría de analistas y expertos que conozco estiman que no hay vuelta atrás. Ningún gobierno, independientemente de su orientación política, puede confiar en este momento en que cumplirá sus compromisos de endeudamiento. En Europa, por ejemplo, algunos como Alemania lo conseguirían, pero tendrían que salirse del euro y romper con los países en problemas. Sin embargo, me temo que hasta para Alemania eso es imposible. Está casada con sus socios para lo bueno y para lo malo. Y lo malo que se nos avecina es malísimo. Tanto que los países que aún son solventes se van a ver arrastrados por sus socios morosos.

Pero el problema global es todavía mayor. Estamos asistiendo a un proceso de descomposición del dinero, que se está derrumbando ante nuestros ojos. El proceso es lento, pero irreversible. Aléjate del dinero deshonesto. Compra oro aprovechando las bajadas en su cotización (este verano puede que haya una). Yo tengo un plan. ¿Lo tienes tú?

This entry was posted in Análisis and tagged , , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink.