¿A que no nos vamos a hacer daño?

© iconauta by flickr.com

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China y los Estados Unidos replican la escena del chiste del dentista armado con su torno cuyo paciente le agarra con fuerza los testículos y le pregunta: -¿A que no nos vamos a hacer daño?

(Nacho García Mostazo) Una delegación china asiste en Washington a la tercera ronda de Diálogo Estratégico y Económico entre las dos mayores potencias del mundo. Con el dólar cada vez más devaluado a causa de la decisión estadounidense de imprimir billetes masivamente para cauterizar las heridas de la crisis, China ha acelerado el proceso para desprenderse de sus inmensas reservas en dólares comprando oro, plata, petróleo, todo tipo de materias primas, minas y cualquier cosa que tenga un valor real. En África y Suramérica, los chinos empiezan a ser los amos en el sentido estricto de la palabra.

China no está sola. Con ella, Rusia, Brasil, India y Sudáfrica, todos los países emergentes, vienen celebrando encuentros más o menos discretos para pactar el uso de sus propias divisas en los intercambios comerciales internacionales. China y Rusia ya no usan dólares entre sí y Brasil está a punto de firmar un acuerdo similar con Pekín. Pero cuidado, porque también se dice que Arabia Saudí, el primer productor de petróleo del mundo, está a punto de firmar otro pacto igual con China y Rusia, mientras Singapur, el corazón financiero asiático, empieza a cimentar su fortaleza comercial en el yuan.

Poniendo todas las piezas en su lugar, se compone el puzle completo y se puede ver con claridad que la tendencia es obvia. El reinado del dólar como moneda de reserva mundial está llegando a su fin en un proceso lento, pero demoledor. El Gobierno estadounidense es responsable de la erosión de su moneda, al imprimir dólares sin parar en los últimos años para tapar los cráteres de la crisis y financiar su inmensa burocracia. Sin embargo, Washington disimula para no tener que asumir la culpa de una inflación creciente que empobrece a sus ciudadanos.

Estados Unidos, además, contraataca. En la cumbre de Diálogo ha criticado a China por saltarse los derechos humanos de sus ciudadanos. En una reunión con los representantes de ambas delegaciones, el presidente Barack Obama y su secretaria de Estado, Hillary Clinton, plantearon “la preocupación de EEUU sobre la actual situación de los derechos humanos en China” y subrayaron “su apoyo a los derechos universales de libertad de culto y de expresión, y de acceso a la información y a la participación política”, según una nota oficial de la Casa Blanca.

El Gobierno estadounidense, abrumado por la dramática situación de su moneda, ahora insinúa además que ha llegado el momento de poner fin a la Flexibilización Cuantitativa de la Reserva Federal (la impresión ilimitada de dólares para hacer frente a la crisis). A finales de junio se supone que se acabarán estas inyecciones inmensas de liquidez. Los mercados lo saben y caen porque son como un drogadicto: se han habituado a recibir su dosis de liquidez y ahora temen sufrir el síndrome de abstinencia. Es posible que en las próximas semanas veamos un batacazo bursátil considerable.

A todo esto, desde Europa no podemos considerarnos a salvo. No debemos obviar que Estados Unidos va a utilizar todas sus armas para que su decrepitud no se note mucho, motivo por el cual se está acelerando la crisis de deuda soberana a este lado del Atlántico; algo que, por otro lado, era inevitable en una Europa decidida a salvar a sus países más pobres las veces que haga falta y cueste lo que cueste. En la misma Unidad de Cuidados Intensivos monetarios donde yace el dólar, el euro vegeta al lado viendo cómo la bancarrota de Grecia está cada vez más cerca, mientras los gobiernos de la Eurozona corren presas del pánico, huyendo en círculo y a ciegas.

Ante el panorama, me cabe una certeza: esto no va a acabar bien. Los ciudadanos vamos a ser, ya lo estamos siendo, las víctimas de la ignorancia y la incapacidad manifiesta de nuestros gobernantes, inconscientes de la magnitud de sus errores o, peor aún, conscientes de ello pero borrachos de egoísmo, al pretender preservar sus privilegios a nuestra costa durante el mayor tiempo posible mientras siguen dándole patadas al balón, echando los problemas para adelante, a ver si escampa.

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