La pobreza cotiza al alza

Los grandes bancos centrales están provocando con sus políticas un ‘tsunami’ de dinero que empieza a resultar devastador en los países más pobres, allá donde la gente dedica la mayor parte de sus ingresos a comprar alimentos. La inflación se dispara.

© 2011 Rabinito by Flickr.com

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(Nacho García Mostazo) A base de imprimir dólares, euros y otras divisas, los gobernantes están consiguiendo crear la apariencia de que estamos saliendo de la crisis, pero es un espejismo. En realidad, están inundando el sistema de billetes. Dicen que la Bolsa sube, pero en realidad se debe a que la liquidez es brutal. Flotamos sobre dinero y cuanto más dinero hay, menos vale. En Occidente todavía no nos hemos dado cuenta de las consecuencias devastadoras de una medida como esa. Es cierto que el paro y la pobreza suben, pero aquí todavía no hay gente muriéndose de hambre por las calles.

Fuera de Occidente, sin embargo, las cosas son bien distintas. El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, confirma que la pobreza cotiza al alza por el incremento de los precios de los alimentos en un 15 por ciento sólo entre octubre de 2010 y enero de 2011, lo que supone un aumento del 29 por ciento respecto al año anterior. Entre los alimentos que han mostrado un incremento especial se encuentra el trigo, que se ha duplicado en los últimos seis meses; el maíz, que se ha disparado un 73 por ciento; o el azúcar, que ha registrado un aumento de más del 20 por ciento.

© 2011 Ramy Raoof by Flickr.com

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La rebelión de los estómagos vacíos

La subida de los precios es un factor clave en las protestas que se vienen registrando en Oriente Próximo y el Magreb. Los ciudadanos, cansados de regímenes cleptocráticos y gobernantes sátrapas, han aprovechado que la masa está en la calle protestando por la subida de precios y han avivado la agitación para pedir un cambio de régimen. Túnez, Egipto, Yemen, Argelia, Libia e incluso nuestro vecino Marruecos ya han vivido las turbulencias o están a punto de vivirlas. (En Bahrein las cosas son distintas. Allí no hay hambre, pero sí una minoría suní que gobierna a una mayoría chií, que ha aprovechado la oleada de protestas para intentar darle la vuelta a su historia).

¿Cómo nos afecta todo esto en la vieja y acomodada Europa? Primero, por cercanía física: si nuestro patio trasero se agita, mucha gente vendrá en masa huyendo del peligro, jugándose la vida para evitar una muerte casi segura. Ya lo están haciendo: recuerda que a Italia han llegado miles de inmigrantes tunecinos en apenas unos días. La inflación también nos afecta porque los precios suben en todas partes. No obstante, cuando ganas 15 euros a la hora, el impacto de una subida de precios no es lo mismo que si ganas 15 euros al mes, como ocurre en estos países de nuestro vecindario del sur.

Escasez de monedas en Argentina

Para los economistas, la inflación es un fenómeno monetario, pero en realidad estamos ante un fenómeno social, sobre todo cuando se dispara, como está empezando a ocurrir. En Argentina, la inflación está llegando a niveles tan increíbles que escasean las monedas. Incluso se ha puesto en marcha un mercado negro a causa de la escasez de efectivo. ¿Sabías que el algodón ha subido un 44% en lo que va de año? ¿Sabes en qué se va a traducir eso? Pues que la ropa va a doblar su precio en menos de un año. Incluso las prendas de Zara, H&M o hasta la baratísima Primark.

Para mitigar los efectos de la subida de precios de los productos básicos, el Banco Mundial aconseja a los gobernantes la reducción del uso de tecnologías biocombustibles, la extensión de programas de seguridad alimentaria y la supresión de las restricciones a la exportación. Es evidente que el maíz ahora no se debería dedicar a producir biocombustibles, también es lógico que los gobiernos estén intentando hacer acopio de materias primas, provocando que los precios suban aún más, y es absolutamente necesario suprimir todo tipo de barrera arancelaria a la libre circulación de bienes y productos. La UE lo acaba de hacer temporalmente y de forma limitada, pero esa debería ser la norma, no la excepción.

© 2011 Mermadon by Flickr.com

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Dudo mucho que cualquiera que lea este artículo pueda llegar a pensar que los próximos años serán de hambruna y malnutrición en Europa o Estados Unidos. Esa idea parece aquí tan peregrina como sufrir una revolución política o que, cuando llegue el verano, no podamos conectar el aire acondicionado. Pero te recuerdo que en España hay ahora mismo casi 5 millones de desempleados. La cola delante de los despachos de Cáritas es tan larga como la que se forma todas las mañanas ante las oficinas del INEM. La morosidad ya roza el 6%. En Estados Unidos, un 14 por ciento de la población recibe cupones de alimentos. Eso significa que 1 de cada 7 estadounidenses no tiene para comer.

Tengo la suerte de contar entre mis amigos con Fabián C. Barrio. Desde hace casi un año está dando la vuelta al mundo en moto. Ahora va por Australia. Pronto saltará a América del Sur. Gracias a sus crónicas, publicadas cotidianamente en su página Saliadarunavuelta.com, contemplo el mundo a ras de suelo y observo cómo la pobreza más extrema acecha a la mayoría de los habitantes de nuestro Planeta. Fabián es un genio que se dedicaba a la informática, un hombre de talento ilimitado y lleno de curiosidad: la gasolina con más octanos. Mi amigo no es un turista, es un viajero; un maravilloso cronista de la vida.

© 2011 MrSoto Flickr.com

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El aumento del precio de los alimentos que se nos avecina es mucho más peligroso que la subida del precio de la ropa. Un hombre puede vestirse con unos pantalones desgastados y no pasa nada, pero no puede vivir sin comida. En los países más pobres, la gente clama por la Justicia de los alimentos. Cualquier intento por parte de los gobernantes de controlar, subsidiar o racionar el suministro de alimentos terminará en desastre. Habrá más escasez, precios más altos y mercado negro. Es fácil deducirlo. Sólo hay que leer los libros de historia para saberlo. ¿Crees que viviremos ese escenario aquí? Yo sí, aunque espero equivocarme, sinceramente, por el bien de nuestros hijos.

Tenemos que apagar y reiniciar el sistema

Eres un afortunado si nunca te ha ocurrido que el ordenador se te cuelgue cuando estás a punto de darle al botón de aceptar para mandar un email, terminar un artículo, guardar una foto… El sistema se colapsa, se abre una ventanita que te informa de lo que está ocurriendo y te obliga a aceptar. Pero al pulsar “Acepto” no le estás diciendo que has recibido la información, sino que aceptas que todo se vaya al carajo y el ordenador se apague para volverse a encender automáticamente. Si tienes suerte y tu ordenador es razonablemente sólido, es posible que, para tu alivio, recupere la información en la que estabas trabajando. Pero no siempre es así. Y tu sentimiento de frustración es enorme.

Pues bien, esto es lo que le está pasando hoy al mundo. El ordenador aún está encendido, en la pantalla vemos una imagen que aparenta que todo está bien, pero no es cierto: el procesador ha cascado y nos ha salido la ventanita de reiniciar. Mientras no aceptemos, el ordenador seguirá encendido, aunque será un objeto decorativo y totalmente inútil; pero si aceptamos, hay que rezar para que sea capaz de proteger al menos parte de la información y no tengamos que empezar de cero.

No obstante, si te digo la verdad, resetear nuestro sistema financiero es lo mejor que nos podría ocurrir. La semana pasada ya te expliqué mi propuesta: es necesario refundar el sistema financiero desde la transparencia, la verdad, la honestidad, la credibilidad y la confianza. Además, es urgente que las Naciones Unidas dejen de ser un organismo infectado de corrupción y lleno de funcionarios ricos para reiniciarse como un organismo transparente que ayude a los que lo necesiten llevándoles alimentos, educación y libertad: todo al mismo tiempo.

¿Tienes una propuesta que hacer? ¿Quieres compartirla con todos nosotros? Mándame un email a infoyotengounplan@gmail.com con la palabra IDEAS en el asunto. Ya he recibido unos cuantos correos electrónicos, algunos realmente interesantes. Poco a poco los iré publicando en sucesivos artículos.

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