Drama, pobreza y destrucción

Las próximas décadas van a ser convulsas. La crisis va a provocar dramas humanos, mucha pobreza y destrucción. Fuera de los grandes países avanzados de Occidente es posible que veamos guerras por la posesión de los alimentos, el agua y la energía.

© 2011 Mayanais by Flickr.com

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(Nacho García Mostazo) El 15 de agosto de 2011 se cumplen 40 años desde que el presidente estadounidense Richard Nixon diera por muerto el patrón oro. Desde la firma de Bretton Woods hasta esa fecha, los bancos centrales de todos los países del mundo podían cambiar sus dólares por oro en la ventanilla de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Tras la decisión de Nixon, un dólar estadounidense sin respaldo, creado de la nada, pasó a ser la divisa de referencia mundial. En ausencia de la disciplina que imponía el oro, el Gobierno estadounidense hizo la mejor campaña de marketing posible para convencer al mundo de que su moneda no necesitaba respaldo alguno, sino que se sustentaba sólidamente sobre los fundamentos de una economía fuerte, magnífica y próspera.

Gracias a esa gran mentira que todos creímos entusiasmados, en estas cuatro décadas Estados Unidos ha vivido una época de esplendor, ha salido de compras por el mundo con montañas de dólares, ha formado a su generación mejor preparada de la historia, ha multiplicado los sueldos, ha trasladado su producción a Asia y se ha centrado en comprar y vender, lo que mejor saben hacer. Norteamérica descubrió que el mundo se movía gracias a una gasolina llamada dólar y que allí ese billete salía de las máquinas de fotocopias. Sólo bastaba con desearlo y los billetes afloraban como brotes verdes en un arrozal inundado.

Un cuarentón obeso al borde del infarto

Cuarenta años después, ni el dólar merece ser ya la divisa de reserva mundial, ni la economía estadounidense es fuerte, ni Norteamérica es tan magnífica y próspera como entonces, ni su sociedad maneja unos principios tan firmes como hace 40 años. Su economía, más bien, se asemeja a uno de los perfiles más habituales en Estados Unidos: el cuarentón obeso con el colesterol por las nubes, el azúcar disparado y un elevado riesgo de padecer un infarto fulminante cuando trota sobre la cinta o suda en el salón de su casa mientras finge jugar al tenis con el mando a distancia de su videoconsola.

En el vecindario, el panorama tampoco es muy halagüeño. Su vecino europeo está casi tan gordo como el americano, cebado de euros como una oca a punto de acabar en el matadero para meter su hígado enfermo en una lata con el rótulo “foie-gras de primera”. En el resto del mundo, donde la gente dedica más de la mitad de sus ingresos a alimentarse, no están gordos, más bien al contrario, están famélicos y levantándose en armas en muchos países para protestar precisamente por el elevado precio de los alimentos a causa del alto coste de las materias primas como consecuencia del tsunami de billetes bancarios sobre los que flotamos todos.

© 2011 EconomicsHelp.org

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En la vieja Europa y en la rica Norteamérica, las consecuencias de la crisis de los billetes fotocopiados ya se notan, pero es cierto que la gente todavía puede comer y, por tanto, aquí tardaremos más tiempo en ver protestas masivas, porque en Occidente la gente dedica al alimento como mucho el 20 por ciento de sus ingresos, salvo las habituales excepciones de los ricos muy ricos o los pobres de solemnidad. Así pues, el temor a una rebelión social en Europa y Estados Unidos todavía puede parecernos lejano, sobre todo a la vista de que hay países más pobres donde la sociedad se empieza a agitar, y de qué forma.

© 2011 Framemaker by Flickr.com

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La gran mentira del crédito improductivo

No seré yo el analista simplón que eche la culpa de los males del mundo a la codicia humana, pues precisamente la codicia bien entendida, las ganas de prosperar y de tener riqueza, trajo la prosperidad a nuestras sociedades. Pero sí sumo mi voz a la de tantos otros que protestan por el gravísimo error cometido por todos, nuestros gobernantes los primeros, en las últimas cuatro décadas, al creer que nuestras vidas y el futuro de nuestros hijos podía cimentarse en el dinero prestado no para producir, sino para aumentar nuestra sensación de bienestar al creer que poseemos una serie de bienes que, sin embargo, no son realmente de nuestra propiedad.

Ese cuarentón obeso del que hablábamos antes acaba de sufrir un infarto. Es el Estado del bienestar, que ha reventado delante de nuestros ojos. Ante eso, podemos dejar que la ola nos arrastre o luchar por sobrevivir. Hemos de intentar pagar nuestras deudas, cosa harto difícil para buena parte de la sociedad: muchos se morirán sin haber terminado de pagar lo que deben. Es posible también que muchos de nosotros lleguemos a viejos y descubramos que nuestra pensión es una miseria porque no hay dinero para pagarlas, pese a que hemos trabajado muy duro toda nuestra vida. Estamos al principio del fin de una era y el futuro es absolutamente incierto.

Sin embargo, algo hemos de tener claro todos: va a ser imposible que sigamos viviendo como hasta hoy. Van a suceder cosas en el futuro que jamás hubiéramos imaginado. Me temo que la rebelión no se va a detener al borde de nuestro portal. Si no pasa y se queda, seguro que de algún modo nos va a afectar. Por ejemplo, en la carestía de bienes básicos. En los próximos años vamos a contemplar guerras salvajes por la posesión del agua, los alimentos y la energía. Por el bien de nuestros hijos, espero que ese violento escenario esté lo más lejos posible de nuestros hogares, aunque llegará cuando tengamos que pagar 2, 3, 4 ó 5 euros por una barra de pan.

¿Qué hacer frente a la crisis?

Estoy convencido de que vamos a empezar a ver todo lo que aquí he expuesto en un plazo no demasiado largo, entre 5 y 10 años. No es una cuestión de fe. Me baso en los hechos actuales para inferir lo que puede ocurrir en el futuro a la vista de la historia de la Humanidad, que es cíclica y desgraciadamente tiende a repetirse. Sin embargo, es tan difícil vaticinar el porvenir analizando el presente como dar consejos a los demás sobre qué hacer ante tanta incertidumbre. No obstante, partiendo de la convicción de que el futuro pinta bastante mal, para mí es evidente que en lo personal ahora toca ahorrar, invertir con templanza, proteger nuestro patrimonio comprando oro y cuidar nuestro estado físico y mental, aprovechando mientras podamos para disfrutar con intensidad de los momentos felices de la vida.

Como sociedad también hemos de hacer algo. Una amiga me instaba estos días a participar en una tormenta de ideas junto a otros amigos y conocidos, todos de diferentes disciplinas, opiniones y creencias, pero todos con la misma inquietud y preocupación, a fin de plantear vías de actuación para que la mentira en la que hemos vivido todos durante estas últimas décadas no se la dejemos en herencia a nuestros hijos. Durante nuestra charla acabamos convencidos de que lo primero que tenemos que hacer cada uno es proteger a nuestra parentela lo mejor posible pero, al mismo tiempo, desde el punto de vista colectivo, deberíamos recalcular nuestra ruta, como un GPS cuando está perdido, para salir del pozo en el que se ha metido nuestra sociedad.

En mi opinión, debemos recuperar la credibilidad de nuestras divisas para que el motor de la economía mundial, ahora totalmente gripado, arranque de nuevo y vuelva a rodar partiendo de una base sólida y eficaz. El mundo necesita un nuevo Bretton Woods donde refundar el capitalismo desde la credibilidad y la confianza. Es imprescindible un nuevo sistema financiero basado en la transparencia y anclado firmemente a la verdad y la honestidad. Asimismo, creo que no podemos tolerar que los más débiles se queden por el camino. Sin embargo, para lograr la eficiencia y la prosperidad, hemos de ser inflexibles a la hora de extender el alimento y el conocimiento simultáneamente, reinventando la ahora inverosímil Organización de las Naciones Unidas para que deje de ser un órgano absurdamente burocratizado y haga por la Humanidad lo que debe hacer.

Si has llegado leyendo hasta aquí, te invito a que participes de esta tormenta de ideas para repensar nuestro mundo. En lo personal ya sé que te estás buscando la vida. Te animo a seguir haciéndolo por el bien de tu familia. En lo colectivo, súmate a nosotros y ayúdanos a pensar. Te invito a plasmar tus ideas en Facebook o mandándome un email a infoyotengounplan@gmail.com poniendo en el asunto: IDEAS. Prometo publicarlas regularmente.

Seguro que en los próximos años nuestro planeta será convulso, pero tenemos un compromiso moral con las siguientes generaciones.

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