¿Y si quiebra JP Morgan?

La crisis de la deuda soberana ha dejado esta semana en España un episodio difícil de olvidar. Han sido horas dramáticas en La Moncloa, noches de insomnio, como aquel fin de semana del 8 y 9 de mayo, cuando España quebró.

(Nacho G. Mostazo) Como un ‘zombi’ estaba el presidente del Gobierno el miércoles en el Congreso de los diputados: el pelo entrecano, algo despeinado, las bolsas bajo los ojos más inflamadas que nunca, la piel de un tono ceniciento, sin brillo. Algún reportero de los habituales en la Cámara Baja me ha dicho, sin sentir ninguna lástima por él, que el presidente estaba sobrecogido en su escaño y más desgastado que nunca.

Acosado por el desplome de la Bolsa y el repunte del diferencial de la deuda, Zapatero volvió apresurado de su viaje oficial de Libia y apareció inesperadamente en el Congreso, donde sacó a pasear el “Plan B”, una batería de medidas aprobadas de inmediato por el Consejo de ministros. Mientras Zapatero sorprendía hasta a su propio equipo el miércoles en la Cámara Baja, en el mercado empezaba a correr el rumor de que el Banco Central Europeo iba a monetizar deuda de los países periféricos y la Bolsa repuntó.

Fue precisamente Jean Claude Trichet, el presidente del Banco Central Europeo, el que confirmó esta semana que la economía europea, al igual que la estadounidense, se encamina hacia el abismo. Activada la máquina de fabricar dinero, el punto de fuga de esta maniobra se llama inflación, quizá hiperinflación llegado el caso. Trichet dijo al mercado que no permitiría maniobras para tumbar el euro y el mercado reaccionó a la baja para darle una lección, pero mientras el máximo responsable del BCE decía una cosa, sus técnicos se lanzaban a comprar deuda griega, portuguesa e irlandesa, para forzar al mercado a darse la vuelta.

A Dios rogando y con el mazo dando. Trichet admitió que estaba comprando deuda de los países europeos más perjudicados por la crisis, aunque no de España. Aunque no nos engañemos, mientras el BCE mantenga abierta la barra libre de dinero al 1% para los bancos y éstos puedan seguir comprando deuda pública española al 5,5%, es como si nos estuvieran rescatando pero por la puerta trasera y, además, los bancos pueden ir saneando sus balances aprovechando la coyuntura.

No obstante, Trichet sabe perfectamente que está contraviniendo la normativa del BCE comprando deuda soberana. En Alemania se espera para febrero la sentencia del Tribunal Constitucional contra los 67 billones de euros de deuda pública que ya ha comprado el Banco Central Europeo. Pase lo que pase en el alto tribunal germano, es probable que el BCE mantenga su política y acabe comprando directamente la deuda soberana de otros países afectados por la crisis de deuda soberana, como España, Italia y ahora también Bélgica. Al respecto, es muy recomendable este artículo de Ambrose Evans-Pritchard.

Se avecina un terremoto financiero, eso parece evidente. El profesor de Harvard y ex economista jefe del FMI, Keneth Rogoff lo explica muy bien en este reportaje de Manuel Llamas. A su juicio vamos camino de una “oleada de procesos de saneamiento de deuda”. Para proteger tu patrimonio del devastador terremoto que se avecina, no queda otra que comprar oro y plata. A propósito de este asunto, esta semana vuelve a ser muy recomendable leer a James Turk. Este es el último artículo que ha publicado.

Por cierto, atención a esta historia sobre la plata que no tiene desperdicio. No es ninguna broma. Cuanto más suba el precio de la plata, más probable es que veamos quebrar a JP Morgan. ¿Será posible? Muchos están sentados comiendo pipas en el umbral de su casa esperando a ver pasar el cadáver de JP Morgan. El primero, el vehemente economista Max Keiser, que se ha propuesto hundir a JP Morgan.

Una última cuestión al respecto de la crisis de los aeropuertos generada por una huelga salvaje encubierta de los controladores. Un artículo de Francisco Capella, que fue controlador aéreo, lo explica todo bastante clarito. ¿Para qué andarnos por las ramas? Se titula “Chantaje descontrolado”. Al pan, pan.

Hasta la semana que viene.

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