Conversación de taxi

Camino de una entrevista en una emisora de radio.

FUENTE: Davidcornejo.es by Flickr

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–¿Y usted qué es, tertuliano? –pregunta el taxista.

–No, mire usted –contesto – he escrito un libro sobre la crisis.

–Ah, ¿y dónde están los brotes verdes?

–No hay brotes verdes.

–¿Y qué hacemos? –pregunta inquieto –¿usted lo sabe?

–Comprar oro –le veo por el retrovisor cómo arquea la ceja.

–Ah –se queda pensativo: –¿y por qué?

–Para proteger nuestro patrimonio. Mire usted, si los gobernantes no paran de imprimir dinero a lo loco, como si fueran fotocopias, para tapar los agujeros de la economía, en los próximos años vamos a vivir como en una cuesta de enero perpetua. Los precios no van a parar de subir y lo único que va a proteger nuestro patrimonio es el oro. Es como un refugio, ya sabe.

–De maravilla –el taxista se queda con lo que más le interesa. –O sea, que subirán las tarifas del taxi. ¿No?

–Sí. Quizá doblen su precio.

–¡Pero eso es buenísimo! –saborea. –¡Me está dando usted la alegría del mes!

–Ya, pero el gasoil también le costará el doble. Y el pan, la leche, los huevos o el arroz. –El taxista se revuelve en el asiento.

–Pues estamos arreglados. Entonces no hay nada que hacer –lamenta.

–Sí. Comprar oro –insisto.

–Pero vale mucho dinero. En la radio lo dicen.

–Pues compre plata. Le llaman el oro de los pobres.

La conversación se anima a bordo del taxi. Subimos la Cuesta de San Vicente para desembocar en Plaza de España y girar Gran Vía arriba. El taxista sigue preguntándome a su manera. Le explico que el libro que he escrito se titula “Yo tengo un plan” y le regalo un ejemplar. Me queda muy agradecido, pero ni siquiera me pide que se lo firme. No soy un autor conocido.

–Oiga. Si se cumple lo que usted dice ­–plantea sombrío–, se va a liar.

–Esperemos que no –le intento tranquilizar. –Los gobernantes se las están arreglando para meternos en un pozo muy hondo, pero sin que nos peguemos un batacazo, para que no lo notemos de golpe. Han preferido que caigamos despacio, con paracaídas. Pero vamos a caer muy, muy abajo. Y cuando esto termine, todos vamos a ser mucho más pobres. Ahora, espero que no vivamos una rebelión callejera.

Llegamos a la radio. El taxista no me cobra la carrera.

–Muchas gracias por el libro. Me lo voy a leer, a ver cómo capeamos el temporal –dice.

–Buena suerte –me despido con una sonrisa.

Subo las escaleras pensando que, si se cumplen mis conclusiones, y estoy convencido de que así será, vamos a vivir unos años durísimos: con los precios al alza, cada vez más paro, impuestos más altos, sueldos más bajos… Dentro de diez años seremos más pobres. En antena cuento lo mismo ante el asombro de mis interlocutores. Como el libro se puede comprar por Internet, las ventas se ven en directo. Tras la entrevista se han vendido once libros. Buena noticia. Con el taxista ya son una docena que tienen paraguas para protegerse del chaparrón. Merece la pena escribir. Desde luego que sí.

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